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Warriors of Love - Capitulo 2: De vuelta al ruedo.

8/2/14



-¿Bloom?
La voz era dulce y suave, tierna y familiar. Se coló en su adormilada mente como el humo, pero siguió sin poder abrir los ojos. No supo el tiempo que transcurrió, gruñendo por lo bajo y con los párpados temblando.
-¡Bloom! - aquella voz parecía más molesta, y ronca, como si hubiera gritado mucho. - Hey, dormilona, ya sé que estás despierta... ¡¡¡BLOOM!!!
Aquel graznido infernal fue como una corriente eléctrica. Bloom soltó un gemido y se incorporó penosamente. Al mirar con los ojos entrecerrados, a su alrededor, vio que aquella era una alcoba desconocida. No estaba Fara a su lado, que siempre la despertaba con una desafinada canción, tampoco estaba el aroma a rosas silvestres o su dama de compañía trayendo el desayuno. No traía puesto su infantil camisón de flores, ni estaba la presencia reconfortante de Sky a su lado. Estaba en Solaria, lo supo sin mucha dificultad. Un agradable calor la atravesó como una ola, e inmediatamente se sintió mejor. A aquella repentina paz le siguió el punzante pánico de lo sucedido la noche anterior.
-¡Rayos! - exclamó al recordar. Miró a sus amigas; todas las Winx, Daphne incluida. - ¿Donde está Fara? ¿Y Sky? ¿Y Daphne? ¿Que paso?
Flora se inclinó frente a ella sonriendo. Era la mejor para calmarte. Bastaba mirar sus dulces ojos verdes para saber que todo saldría bien.
-Calma, Bloom. Perdiste la conciencia durante el baile, eso es todo.
-Y, eh, arruinaste la fiesta – masculló Stella por lo bajo, ganándose una mirada asesina por parte de todas. Bloom se sintió mareada.
-No le hagas caso, Bloom - interrumpió Layla sin más. - Hasta hace unas horas tenías mucha fiebre, y delirabas como nunca.
-Dejamos la fiesta – informó Musa sin un rastro de burla en su voz, - todos estaban muy preocupados por ti. Algunos querían llevarte al Hospital de Magia, pero nosotras insistimos en traerte aquí porque...
-Solaria es el mejor lugar para sanar - finalizó Tecna poniendo las manos en las caderas.
-Pero no te preocupes por eso – la consoló Daphne, pasándole una mano por el cabello rojo. - Los niños están afuera, y tú ya estás mejor. Lo importante es que estás bien.
-¿Y Sky? - preguntó Bloom, extrañada. Recordaba una vez, dos días después de su coronación, que le había dado una terrible fiebre. No dejaban entrar a nadie, pero Sky había arremetido contra todos los guardias que se interponían entre él y Bloom hasta llegar a ella, tan sólo para poder besarla.
La respuesta, por parte de Stella, fue como una cubetada de agua helada.
¿En Eraklion? ¿Cómo que estaba en Eraklion? ¿Ella se habia desmayado y Sky se había ido a Eraklion? No podía creerlo. Se sintió herida, y avergonzada de preguntar, pero por dentro sólo sentía rabia. ¿Qué clase de esposo era ese? ¿Como había podido dejar a Fara con Stella, en vez de ir él mismo a consolar a su hija?
Nadie habló durante unos minutos. Bloom seguía inmersa en sus oscuras reflexiones, cuando de repente todo se volvió oscuro, como si alguien fuera tapando un foco poco a poco. Lo que la extrañó, considerando que la alcoba de Stella tenía ventanales en dos paredes que permitían la vista plena del amanecer y la puesta del sol.
Giró un poco la cabeza, y pudo a ver a Stella asomada por el balcón. Gritaba algo con todas sus fuerzas, y un extraño pánico se reflejaba en su rostro.
-¡Niños, vengan! ¡¡Corran!! ¡Aléjense del patio!
Como accionada por un resorte, Bloom se incorporó. Una luz rojiza había reemplazado a la oscuridad. Esferas incandescentes y veloces se veían caer sobre el horizonte igual que meteoritos, y, Bloom no lo creyó, el sol brillante y hermoso de Solaria, el sol eterno e inagotable, se había vuelto rojo, como a punto de explotar, e irradiaba frío, no calor. La tierra bajo sus pies comenzó a temblar. Alrededor del sol unas nubes oscuras se aglomeraban, nubes que reflejaban la forma de una viejas enemigas... Un escalofrío estremeció a Bloom mientras una conocida risa resonaba en el fondo de su mente. 
Entonces reaccionó a las frenéticas sacudidas con las que Stella trataba de hacerla salir de su shock. Se puso de pie, con todo y la piyama, y corrió hacia el recibidor del palacio, donde los niños las esperaban, los más grandes liderándolos. Todos se encontraban asustados, y las Winx supieron que debían tomar las riendas. El miedo a lo desconocido no las dominaba.
La nave militar en la que podían escapar las esperaba afuera, pero no podrían salir. Ahora una lluvia de meteoritos – meteoritos de verdad, gigantescos, poderosos y ardientes – les impedía el paso. Tendrían que luchar contra ellos.
-¡Winx! - exclamó Bloom, quien siempre tomaba la iniciativa antes que nadie. - ¡Transfórmense!
Todas gritaron a la vez el nombre de sus transformaciones, a la vez que una burbuja de energía envolvía a cada una. Era curioso. Ellas sentían la transformación lentamente, la magia y el poder acariciaban su piel y las armaban como una coraza, mientras las alas crecían como capullos poderosos. Pero para los demás, era como un parpadeo. El grito final del nombre de su transformación y el nombramiento de su poder era como una clausura, les había explicado Faragonda, un modo de cerrar toda esa eneríga que las invadía al momento de la mágica metamorfosis.
-¡Bloom Final Bloomix! ¡Hada de la Llama del Dragón!
-¡Stella Luminix! ¡Hada del cosmos brillante!
-¡Flora Nimphinix! ¡Hada de la vida y la naturaleza!
-¡Musa Melodix! ¡Hada de la palpitante música!
-¡Tecna Cyberix! ¡Hada de la mente y la tecnología!
-¡Layla Aquatix! ¡Hada del mar rugiente!
Pese a que Daphne cargaba a una criatura dentro de sí, de igual modo se transformó. Su vestimenta se deformó un poco, pero por todo lo demás seguía siendo un hada fuerte y poderosa, tan capaz de luchar como todas las demás.
A la vez que creaban un escudo, cada una de su respectivo poder, comenzaron a desintegrar los meteoritos demasiado grandes que amenazan con precipitarse sobre ellas y sus familias, de manera que éstos se fragmentaban y podían ser absorbidos y repelidos por sus escudos. Comenzaron una lucha contra el cielo y el fuego.
Bloom no pensaba; actuaba siguiendo su instinto, con el corazón latiendo a toda velocidad y los nervios crispados como alambres. Sin embargo, una parte inconsciente de su mente trabajaba a toda máquina para dar una solución, encontrar una respuesta. ¿Qué estaba sucediendo? ¿Nuevos enemigos? ¿Acaso iban a volver a aquellos turbulentos días?
Cuando por fin tuvieron el camino libre, corrieron a toda velocidad hacia la nave. Los niños subieron primero; Bloom fue la última en entrar.
Una vez dentro, Tecna se apresuró a encender la nave y salir a toda prisa del planeta. Su destino estaba claro. Magix. Sólo ahí podrían aclarar los misteriosos acontecimientos.

El viaje transcurrió en un silencio sepulcral. Incluso los más pequeños mantuvieron la boca cerrada. En el trayecto, descubrieron que no solamente en Solaria pasaba algo raro; de todos lados recibían avistamientos y fenómenos incoherentes. Inundaciones en Domino, muerte de plantas y animales en Linphea, colapso eléctromagnético en Zenith...
Cuando estaban a tan solo una media hora de Alphea, frente a ellas surgió una monstruosa tormenta. Esta tormenta tenía nubes negras espesas como la tinta, y los relámpagos que la azotaban eran gigantes, colosales y brillantes como soles fugaces. Solo podía tratarse de algo oscuro.

La tormenta las atrapó como si hubieran caído directamente a sus fauces. Bloom no sabría decir muy bien qué sucedió a continuación. Caos, gritos, relámpagos, choques, golpes... Sintió que algo metálico se le encajaba en la pierna derecha, un dolor penetrante que le arrancó un aullido. Oyó los chillidos de terror de Angie y Fara. Vio cuerpos cayendo hacia un lado y a Daphne con cara de susto.
Después... silencio. Ni un sonido. Una sordera totalmente irritante. Y oscuridad, nada más que oscuridad.
Bloom se rindió a la muerte.


Era la segunda vez en tan poco tiempo que Bloom flotaba en la bruma extraña entre la realidad y los sueños. Sólo que ésta vez fue mucho peor. Imágenes de sus seres queridos despedazados y dominados por la oscuridad pasaban frente a ella como olas de murciélagos. 
Su despertar fue como si le hubieran echado una cubeta de hielos encima. Gritó tan pronto como su garganta se lo permitió, y solo después de haberse desahogado por completo abrió los ojos y contempló su entorno. 
Se encontraba en el claro de un bosque, tendida sobre una rústica hamaca de cuerdas y hojas. No podía ver más allá de la fogata encendida a pocos metros de ella, pero había un fuerte olor a chamuscado, y sabía que no estaba sola. 
-¡Chicas! - aulló tratando de contener las lágrimas. - ¿¡Dónde están!?
Acto seguido, trató de bajar de la hamaca, pero un dolor en su pierna se lo impidió. Trató de incorporarse para ver mejor su herida, pero sentía el cuerpo pesado y lento, y sus músculos débiles apenas podían mantenerla despierta. 
Luchando por que los ojos no se le cerraran, Bloom contempló una sombra humana que se acercaba a ella. Conforme dejaba las tinieblas, Bloom descubrió que se trataba de una chica. Le tomó un momento ubicarla, pero pronto lo hizo, y aquello la llenó de sorpresa. 
 Se trataba de Athena, la amiga de Roxy. ¿Qué hacía ella ahí? Y ya puestos, ¿dónde exactamente era ahí? 
-Tranquila - dijo la muchacha, pero su tono y aspecto eran de todo menos tranquilizadores. Traía un uniforme negro de pies a cabeza, y en su rostro y manos había sangre. - Déjame revisar tus heridas. 
Bloom estaba demasiado agotada como para resistirse o preguntar, así que solo se dejó caer, usando toda su energía en mantenerse consciente. 
Athena le aplicó una pomada de olor penetrante en la pierna, luego hizo algo en sus brazos que a Bloom le dio cosquilleos y finalmente la obligó a tragarse un brebaje verde y viscoso que sabía a rancio. 
-Esto debería ayudar - dijo al recibir la taza del brebaje, arrugando la nariz como si también se compadeciera de Bloom. 
Entonces fue cuando Bloom vio a las figuras oscuras detrás de Athena, con pose amenazante y sigilosa. Percibió una oleada de peligro y sin dudar, lanzó una llamarada hacia ellos. 
Lo siguiente fue un revoltijo de palabrotas, más humo, sorpresa y confusión. Athena la miró, escupió un "¿estás bruta o qué?" y se aproximó hacia las sombras. 
-Rayos, Maou - exclamó la rubia, ayudando a incorporarse a un chico de ojos rojo sangre y pelo oscuro de tono verdoso. Él se sobaba la cabeza, de donde salían volutas de humo. -Te has chamuscado el pelo. 
-Ya, no me digas - replicó el muchacho. Luego miró a Bloom de arriba abajo, y ella se encogió. Jamás nadie la había visto de ese modo, examinándola. De algún modo, los demás siempre habían sabido que ella era especial, y lo respetaban. Pero ambos muchachos no parecían tener ni idea de quién era ella; una reina, heroína y, bueno, una Winx. No se necesitaba más referencia que esa. 
-Lo... lo siento - se disculpó Bloom. Maou sonrió y negó con la cabeza. 
-De todos modos necesitaba un corte de pelo - dijo. 
Una carcajada salida de la oscuridad rompió la tensión del ambiente. 
Desde detrás de un árbol, una tercera persona apareció, sólo que ésta era conocida de Bloom. Muy conocida. 
Se trataba de Roxy.    




  
  








  

2 comentarios:

Anónimo at: 8 de febrero de 2014, 4:09 dijo...

Genial!!!!
FloraFlower

AvatarRoxy at: 28 de marzo de 2014, 3:41 dijo...

Gracias!

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