(Me pregunto si alguna vez fue arrestada por ser demasiado tierna.)
Hola a todos! Soy yo, xXBeyondBowtiesXx! :)
Como sabrán algunos, he parado de escribir mi fanfic (me daré la libertad de llamarla 'IL' de ahora en adelante, ya que el título actual es largo) desde Septiembre del año pasado. En Noviembre hice una entrada en el cual explicaba brevemente por qué yo había parado. Por el momento, dichas razones ya no son inconvenientes. ¡Entonces! ¿Qué es lo que ocurre? De manera bruta, esto es lo que ocurre: cometí el terrible y estúpido error de tener absolutamente nada planeado al iniciar, y he pagado el precio. Porque ahora estoy atascada sin saber cómo avanzar o retroceder. Ahora que he releído mi fic, me he dado cuenta que hay muchos errores, contradicciones, cosas que no caben ni aquí ni acullá, y demás. Tratar de arreglarlo crearía aún más inconsistencias que tendría que arreglar, y acabaría en un completo enredo. Créanme, he pasado por esa misma experiencia antes. Y queda de más decir que no fue para nada placentera. El hecho de que repetí el mismo error por segunda vez me tortura.
(¡Oye! ¿Qué hice para que vengas a mi puerta?)
Como he dicho antes, tratar de arreglar todo esto crearía innumerables (ok, no presten atención a ese juego de palabras) contradicciones. Nada tendría sentido. ¿Por qué primero la cosa era así, y ahora es asá? ¿Qué fue lo que me perdí? Nunca recuerdo haber leído acerca de esto. Eso es lo que muchos pensaran al leer la continuación si es que trato de arreglarlo todo. En mi opinión, ya no se podría tomar 'en serio'. Al releerla, me pareció que... no quedaba. Simplemente no quedaba. Tenía que empezar desde el comienzo y reparar mis errores.
Se lo he comunicado a Bloom (Winx Club All). No, no voy a dejar Winx Club All: Novelas, no voy a parar de escribir, en realidad, voy a rehacerlo. Y mejorarlo, también. Quitar todas aquellas inconsistencias y partes raras, y cambiarlo por algo más... Comprensible, creo que es la palabra que busco. Sin embargo, tomará tiempo. No soy capaz de tener todo completado de la noche a la mañana; me demoraré semanas, incluso meses. Así que mientras me dé un "descansito", pensaré en cómo improvisar la fanfic: en la trama, los personajes, el reino del futuro, la historia del pasado, los antagonistas, villanos, etc. Sinopsis y tráilers incluidos...
Para que puedan disfrutar más que antes de la fanfic.
Disculpen por la inconveniencia; espero que comprendan. ¡Los 'leo' luego!
En el Libro
del Destino se encontraba escrito la historia de Domino, con capítulos acerca
de un miembro de la familia real en específico, de principio a fin; aunque el
final es desconocido para muchos, y puede llegar a cambiar radicalmente
dependiendo de las decisiones de uno. A veces lo hacía y otras veces no lo
hacía en absoluto y la persona estaba condenada a sufrir aquel futuro, lo
quisiera o no. Muy pocos deseaban conocer que iba a ser de su vida, y si alguna
vez tenía la única oportunidad de saberlo, la mayoría la rechazaba y daba la
vuelta, pues a pesar de que lo querían lo temían al mismo tiempo, y el miedo de
alguna manera ganaba siempre la batalla. ¿Y si tú tuvieras la oportunidad de
ver tu verdadero futuro, la tomarías?
A esa pregunta Bloom definitivamente diría
un sí. Al día siguiente, luego de la conversación bajo las estrellas, ella
sintió como si ello nunca hubiera ocurrido. Por varios minutos ella pensó y
pensó mientras continuaba acostada sobre su cama, hasta que finalmente salió de
su habitación, y abrió la cortina que tenía detrás el atril con el libro ya
abierto.
Suspiró y se acercó al objecto con lentitud.
Entonces volteó las páginas una y otra vez, ya que contenían palabras de una
lengua extraña que no lograba comprender, y suponía que no decían nada
importante. Después de siete páginas con garabatos incomprensibles, Bloom
encontró aquel tipo de letras que, luego de esperar unos cuantos segundos,
llegaban a formar un dibujo. Las finas líneas negras se fueron juntando al
centro y se unieron y volvieron un bulto que pronto tomó forma, poco a poco.
-¿Pero qué hace? –dijo una voz grave. El
hada volteó de golpe, pues la súbita aparición de Bartelby la había asustado.
-Oh, tú –murmuró ella y cruzó los brazos-.
Sólo estoy leyendo el Libro del Destino.
-Usted ya ha hecho hace hace unas cuantas
semanas. Ha visto su boda y su familia, ¿qué más quiere ver?
-Quiero ver cómo llega todo eso a suceder
–replicó Bloom y dirigió su atención al libro otra vez-. Curiosidad –le dijo al
escritor.
Vio en la hoja usada y vieja una imagen
pacífica pero también perturbadora. Había ahí una cama con azucenas y laureles,
y sobre todo esto se encontrada echada una mujer con los ojos cerrados; las
manos sobre su pecho, y una dulce sonrisa formada en sus labios. Aquello no
parecía ser nada malo, pero luego Bloom miró abajo, y supo que estaba
equivocada. Había gente alrededor de la cama, en el fondo y apenas visibles, y
otras cercanas y bien dibujadas, y cada una de las personas tenía lágrimas en
los ojos y pañuelos blancos en las manos. Estaban llorando y lamentándose,
mientras la hermosa dama dormía y soñaba un sueño tranquilo y sin agonías.
-¿Blancanieves no está dormida, verdad?
–preguntó la pelirroja alzando una ceja, y sacudió la cabeza levemente-. ¿Qué
rayos pasó?
Pero Bartelby había desaparecido.
Sintiendo más libertad que antes ahora que
aquel fantasma aparentemente la había dejado para que continuara su búsqueda,
ella se dirigió a la siguiente página, pero sólo se encontró con una hoja en
blanco, sin manchas de tinta oscura o algo que le indicara algo. En esta no
había absolutamante nada, al igual que las que seguían, y no podía evitar
preguntarse si había hecho algo mal para que el futuro feliz con la familia
hubiera desaparecido. Ni siquiera en la última página había algo escrito. Se
preguntó si tal vez algo había cambiado en consecuencia a una de sus acciones.
Buscó y buscó una respuesta con ansiedad e impaciencia, y en menos de unos
cuantos minutos ya suspiraba llena de alivio, su mano posada firmemente sobre
una imagen. No estaba en el final ni en el principio, sino en la mitad del
libro; con varias páginas blancas antes y después, probablemente sucesos que hasta
no iban a ser revelados. La quitó pero las figuras que allí se encontraban no
eran las que ella esperaba. Los niños que tanto se había esforzado en memorizar
no eran los mismos, al menos en apariencia. No había más niños de piel morena,
en realidad, habían sido reemplazados por otras dos personas completamente
diferentes. Tampoco se podía ver a alguien de cabello anaranjado, que Bloom
creyó ser su única hija.
Aquellas observaciones la preocuparon
gravemente, ya que ello significaba que por lo menos tres vidas inocentes
habían sido eliminados de la faz del Universo a causa de las decisiones de una
persona. Pensó en cómo volverlo a la normalidad pero cayó en la cuenta de que
no era ella misma la que había eliminado a dos niños de tez oscura.
Era Aisha.
-¿Por qué, por qué, por qué? –se repetía
Bloom-. ¿Por qué creerías que Nabu jamás iba a regresar? ¿Por qué? –con unos
suspiros logró controlar su desconcierto y trató de abandonar aquel tema
distrayéndose con algo más-. Veamos... La de rosa es la de Tecna, la de azul es
de Musa, las dos niñas castañas son de Flora; y supongo que el de negro es
también de ella. ¿Tres hijos? ¡No puede ser! El de naranja es de Stella, ¿o es
ese mi hijo? No tengo la menor idea. Los de cabello marrón serán de Aisha, o de
Roxy, ¿se va a casar o no? ¿Con quién? Aisha con Roy y Roxy con Manuel... ¿O
Andy?
Jaló uno de sus propios cabellos rojos en
señal de frustración, y volteó la hoja, buscando un anterior o posterior dibujo
que le ayudara a resolver el misterio de la mujer durmiente, sin éxito. No
comprendía por qué hasta cierto punto su futuro ya estaba resuelto, pero el
antes y después aún eran inciertos. Cayó en la cuenta de que no había nada más
que descubrir, y dejó el libro abierto en una página completamente diferente,
en caso de que otra persona viniera con el mismo propósito que ella lo hizo.
Salió lentamente de la pequeña habitación, esperando observar a Bartleby
aparecer repentinamente; pero lo último no sucedió.
La cortina guinda cubrió entonces el atril,
y Bloom dejó aquella estancia, pero paró en seco al notar en qué manera había
cambiado el gran salón, algo que no había visto al bajar las escaleras;
probablmente a causa de la fátiga que aún pesaba sobre sus hombros. Sus
alrededores se mostraban más coloridos que antes, decorados con globos y
listones en las paredes, y en la distancia podía ver un alto escenario al que
le faltaba demasiado poco por estar terminado.
-Oh, querida, veo que estás despierta. Dime,
¿de dónde has salido? –preguntó Marion, quien se encontraba junto a su hija,
con las manos alzadas, creando todo lo que momentos antes Bloom había visto.
-Madre, ¿qué estás haciendo?
-Decorando el castillo para la fiesta de
esta noche –dijo alegremente la reina.
-Año Nuevo, ¡eso es! Por un instante lo
olvidé por completo –suspiró Bloom-. Eso me pasa por dormir tan... To –mesas y
sillas con manteles blancos aparecieron junto con unos cuantos brillos
amarillos, y luego floreros con azucenas-. ¿No crees que está mal procrastinar?
-Esto no es procrastinación, Bloom –le dijo
su madre-. Apenas son las once de la mañana y los invitados llegarán a las nueve
de la noche; quedan muchas horas para arregalar los preparativos.
-Igual pienso que es algo malo dejar las
cosas a último momento.
-Como tú digas, cielo.
El hada sonrió y se dirigió a su habitación para
dejar a Marion tranquila colocando los muebles sin los constantes comentarios
del alguien presente aconsejándole de diferentes maneras tediosas. A la reina
de Domino no le gustaba ser “corregida” en cuanto a estilo, en especial
mobiliaria. Bloom cruzó el pasillo, saltando a veces, feliz como estaba de que
ese mismo día empezaba algo nuevo. El sólo pensar en ello la regocijaba, ya que
le daba esperanzas y ayudaba a creer que el destino tomaría un nuevo curso
hacia lo bueno, tanto en su vida como en el de los demás. Pasaba junto a la
habitación de su hermana Daphne, cuando de repente oyó una voz femenina del
otro lado recitar un triste poema en voz alta:
En un mundo silencioso, de sueños olvidados.
Donde yacen desilusiones y penas.
Un mundo en donde los sueños y esperanzas han muerto,
Pegó su
oído a la puerta y escuchó con atención, pero no surgió otro sonido más que
algunos suspiros. Continuó su camino, y en ese mismo momento sonó la alarma que
indicaba la llegada de un mensaje a su celular, y Bloom vio que se trataba de
su mejor amig, quien la invitaba a una salida de compras. Gustosa, ella aceptó
y se encontró con ella en el lugar indicado minutos después. Aprovechó el
tiempo para hablarle de lo ocurrido en su estancia en Gardenia, sin omitir su
encuentro con Michelle ni con Mitzi, ya que confiaba plenamente en Stella y no
temía ningún peligro. La rubia escuchó absorta en su anécdota, pero eso no
evitó que siguiera siendo la misma persona obsesionada con la ropa.
-¿Qué le pasa a la loca de Mitzi, se habrá
tomado algunas drogas? –bromeó Stella.
-No parece. No es la clase que hace esas
cosas para sentirse mejor. Ella ya se
siente bien con todo lo que tiene.
-Piensa, quizá se obsesionó contigo de más y
al tomar algunas píldoras para quién sabe qué empezó a oír voces. Tal vez ya
conocía a Daphne antes de eso y con la flor de la niña se volvió crazy.
Bloom meditó por unos momentos. –Nop. No me
lo trago. Alguien habló a través de ella, Stella, otra persona extraña. Ah,
nada tiene sentido, ¿no es así?
-¿Qué te crees que soy? No soy la persona
más inteligente de todo el universo y no se qué decir tampoco. Sólo espero que
esa sapo esté en un hospital mental, de verdad que me alegraría el año nuevo
–respondió su amiga-. Algo raro está pasando aquí, pero no entiendo ni michi de
por qué iría tras Mitzi, ¿de qué sirve ella? Estás lejos y ella no sabe cómo
llegar aquí. No puede herir a nadie, excepto a Macy.
-¿Sabes qué? Estoy harta de este tema.
Dejaré eso para después, mientras vamos a comprar ropa bonita para nuestra
futura boda, ¿sí?
Ambas comieron helados luego de haber
visitado muchas tiendas, y finalmente se despidieron, con Stella prometiendo
asistir a la fiesta iba a ser celebrada en Domino. La pelirrja regresó al
castillo ya entrada la tarde, y faltaban apenas unas cuatro horas, pero para
pasar el tiempo Bloom no tenía una gran cantidad de cosas que llevar a cabo,
salvo leer y entrar el Internet. Hizo ambas cosas, y al usar su laptop se
aburrió viendo videos aparentemente divertidos y leyendo un periódico online
del planeta Tierra; aún quedaba una hora con dieciséis minutos restantes. Cada
día necesitaba salir a algún lugar acompañada de sus amigas para no pasar unas
largas veinticuatro horas sin hacer practicamente nada. Platicar con su hermana
era una buena idea, pero se encontraba en un estado tan confuso, que ya
extrañaba los tiempos de enseñanza en Alfea. Era profesora en aquella escuela,
y enseñaba técnicas de ataque y defensa junto con las demás Winx, pero por el
momento estaba privada de ello, ya que las vacaciones no terminaban sino el
quinto día del primer mes del año.
Sin otra actividad en mente, optó por
escribir en su diario.
Hola, otra vez, luego de varias semanas. Hoy es el 31 de Diciembre, horas
antes de que empiece la fiesta de Año Nuevo. Estoy emocionada. Siento que es
como un nuevo comienzo. Muchas cosas han sucedido antes de que llegara este
día; cosas que yo hasta temo escribir aquí, si es que alguien alguna vez llega
a encontrar esto y leerlo. Han habido sucesos extraños, ¿pero qué no es extraño
en este mundo? Cuando las Winx acudan a Domino me asgeuraré de hablar con Aisha,
creo que algo ha cambiado dentro de ella.
De verdad que no tengo mucho que escribir en estos momentos, ya que
prefiero mantenerlo todo en mi cabeza y sólo en mi cabeza. Al menos no lo
olvidaré. Sólo pasaré estas horas pensando en qué hacer para dejar el tiempo
pasar lo más rápido posible. Ah, aburrimiento, ojalá dejarás de existir.
Desearía haber tenido de regalo una vida sin todas estas “imperfecciones”. No
estaría esperando a ningún enemigo que me fuera a robar mi poder. Aunque creo
que esto es peor.
Cerró el
cuaderno y dio un bufido; reino el silencio. Consideró conversar con la ninfa,
pero una parte de su ser le decía de que ello no era lo indicado. Entonces se
echó en su cama y tomó una pequeña siesta, pero no pudo reconciliar sueño
alguno con su conejo gris tratando de acurrucarse en sus manos o debajo de su
almohada.
Cuando se sentó de nuevo con su cabello
despeinado, vio que restaban treinta minutos, y apurada se peinó, vistió, y
maquilló lo mejor que pudo. Al terminar, bajó las escaleras y contempló cómo se
encontraba el gran salón. El escenario estaba ya construido con diferentes
instrumentos musicales, y en una zona apartada estaba una mesa larga y
rectangular con muchos platos de comida, y ponche de frutas. Las otras, que
eran circulares, estaban colocados junto a las paredes, de manera que hubiera
gran espacio para que los invitados bailaran libremente mientras la música era
tocada. La decoración estaba conformada por serpentinas doradas y globos del
mismo color con algunos blancos; y estrellas de aluminio amarillo estaban
atadas con cuerdas y adheridas al techo. Todo el ambiente prometía ser una
alegre reunión.
Bloom esperó la llegada de sus siete amigas,
y pasó el tiempo conversando con sus padres, porque Daphne no se encontraba
cerca ni en ninguna parte del lugar. Pero en el momento en que las Winx
llegaron, Aisha fue la primera en hablar:
-¿Saben algo? Creo que Nabu nunca vendrá
–las chicas pidieron detalles, y entonces ella respondió a sus preguntas-. Pues
él no regresaba, así que mis padres cancelaron la boda. Dijeron que debía casarme
con otro, porque no iba a poder esperar por toda la eternidad por Nabu. ¿Y
saben? Creo que tienen razón. Creo que debo olvidarlo, digo, ya han pasado más
de cinco años. ¿Y si nunca vuelve, qué hago? Tendré sescenta y yo seguiré
pensando: “Tal vez volverá mañana” hasta que me muera. Mejor continuó mi vida;
quiero decir, tengo a Roy –sus amigas trataron de cambiar su mente en vano.
-Con que eso era, entonces –pensó Bloom
minutos después-. Si antes habían dos de sus hijos morenos, significa que si
iba a volver; pero ahora que ya piensa diferente, han sido reemplazados... ¿Por
qué? –en ese mismo instante Roxy la llamó, para que las siete comieran juntas,
ya que todos los invitados estaban presentes, y la fiesta de Año Nuevo
oficialmente había comenzado.
Por dos horas la gente comió a sus anchas, y
habló con entusiasmo, mientras esperaban impacientemente a que el gran reloj en
la habitación tocara las doce. Daphne apareció luego de su larga ausencia, pero
ni los reyes se molestaron en saber qué había estado haciendo secretamente. En
realidad ella se había dirigido al lago Rocaluz a sentarse al borde de este, y trató
de crear fuego. En las últimas veces el dolor había disminuido, aunque no
completamente, y la ninfa formó la teoría de que, sin continuaba de aquella
manera, su cuerpo eventualmente se acostumbraría a su poder otra vez, y no
sufriría más heridas. Sus manos estaban con leves quemaduras. Para desgracia
suya, Thoren había asistido a la celebración, y la mayor parte del tiempo sólo
se ocupó en evitarlo y esconderse con la ayuda del público, que comer y
disfrutar de la fiesta como su hermana.
Cuando el reloj indicó las once, la ansiedad
se pudo sentir en el aire, y de vez en cuando había uno que otro murmullo y
risita, y las personas contaban cada segundo, el tiempo volviéndose cada vez
más lento que antes. Tecna se levantó de su asiento.
-Vamos –les dijo a sus amigas, y corrió al
escenario seguida por las Winx. Pronto cada chica tuvo en sus manos su propio
instrumento musical, y en el lugar reinó el silencio, todos adoptando una
actitud expectante. Musa prendió el micrófono y recitó un largo discurso, dando
las gracias a la gente por haber venido, y hablando también del Año Nuevo.
-Odio estas cosas –murmuró Stella entre
dientes, ganándose un leve codazo amistoso de Bloom, y risitas de las que se
encontraban suficientemente cerca cómo para escuchar su comentario. Tan pronto
como Musa terminó, se oyeron los fuertes aplausos, y Tecna empezó a tocar su
teclado, y Bloom cantó para el público:
(Escuchar Mientras Leen)
When the days are cold, and the cards
are fold
And the saints we see, are all made
of gold
When your dreams all fail, and the
ones we hail
Are the worst of all, and the blood’s
stale
I wanna hide the truth, I wanna
shelter you
But with the beast inside, there’s
nowhere we can hide
No matter what we breed, we still are
made of greed
This is my kingdom come, this is my
kingdom come
*When you feel my heat, look into my
eyes
It’s where my demons hide, it’s where
my demons hide
Don’t get too close, it’s dark inside
It’s where my demons hide, it’s where
my demons hide
At the curtain’s call, it’s the last
of all
When the lights fade out, all the
sinner crawl
So they dug your grave, and the
Masquerade
Will come calling out, at the mess
you made
Don’t wanna let you down, but I am
hell bound
Though this is all for you, don’t
wanna hide the truth
No matter what we breed, we still are
made of greed
This is my kingdom come, this is my
kingdom come (*Coro)
They say it’s what you make, I say
it’s up to fate
It’s woven in my soul, I need to let
you go
Your eyes, they shine so bright, I
wanna save their light
I can’t escape this now, unless you
show me how! (*Coro)
La canción
llegó a su fin, y cantaron aún muchas más, hasta que en el reloj se pudo
contemplar ambas flechas, indicando que era un cuarto para la medianoche. La
reina de Domino hizo aparecer tres enormes platos colmados de uvas, tanto
moradas como verdes, y todos se encargaron de agarrar doce de estas para uno
sólo. Y antes de que llegara la hora de comerlas en los últimos segundos del año,
conversaron y danzaron. Bloom había estado charlando con Sky por un corto lapso
de tiempo al igual que sus amigas con sus respectivos novios; y el principio
fue apenas oraciones pequeñas y momentos incómodos, aunque pronto rieron y
actuaron como si nada se hubiera interpuesto entre ellos. Pero entonces entró
el deseo de ver a sus padres en su corazón, y el hada pelirroja fue en busca de
ellos en el amplio salón.
Mientras caminaba, su atención se volvió al
techo y a las paredes, más que a las tiernas parejas que bailaban alegremente;
y a medida que observaba los muros, una sensación de inseguridad creció en su
interior. Se vio a sí misma como una fiera salvaje, que deseaba
desesperadamente por huir, pero para su desgracia se encontraba encerrada en
una jaula con un candado; la llave desparecida, mientras que los barrotes se
agrandaban, y su propio cuerpo se empequeñecía. Aquella visión fue demasiado
para ella, y entonces comenzó a sentir que en verdad las paredes se achicaban y
la atrapaban. Emprendió una carrera, queriendo ver a sus padres para que ellos
pudieran convencerla de que lo que pensaba no era nada más que su propia
imaginación, pero los invitados lo convertían en algo más complicado. Los
empujó sin siquiera murmurar unas disculpas, y los segundos que pasaban veloces
fueron una larga eternidad. De repente paró en seco, contemplanto en completa
confusión e incredulidad el espectáculo frente a sus ojos: en el suelo se
encontraban los reyes de Domino, tiesos y sin vida.
Su respiración se aceleró drasticamente, y
sus manos temblaron, pues el miedo la dominaba. Bloom ya no era capaz de
diferenciar la realidad de la ilusión, pero recordó aquel primer sueño, antes
de que todo comenzara... El sólo pensamiento de ello le causó un gran disgusto,
y al seguir viendo los dos cuerpos inertes su vista se volvió borrosa y gris,
mientras las lágrimas resbalaban sin detenimiento por sus mejillas.
-Nada tiene sentido... Nada tiene sentido
–se decía entre sollozos, millones de diferentes cosas cruzando su mente. Por
un instante fugaz pensó en una vida de otro mundo, en donde todo era perfecto,
y ninguna palabra negativa existía; donde la felicidad era algo escencial y la
tristeza siempre rechazada. Oyendo su llanto, sus amigas la habían rodeado,
tratando de calmarla sin éxito alguno, mientras también intentaban saber por
qué razón se encontraba tan destrozada. Pero no servía nada. Cuanto más pensaba
que lo que había visto era real, más mareada se volvía, más confundida, más
deseosa de cambiar cada aspecto de su existencia. “No quiero que mueran, no
quiero que ustedes mueran. No quiero la muerte, no quiero miseria” repetía, y
las Winx no lograban encontrar el significado. Llamaron a su hermana, y Bloom
cayó sobre sus rodillas.
-No quiero ser un hada, no quiero ser una
princesa, no quiero ser la más poderosa de la Dimensión Mágica, no si eso
significa que sufriré esta clase de cosas –murmuraba velozmente-. No quiero
muerte, ni tristeza, ni desgracias, ni miseria; no quiero que hayan secretos,
ni violencia, ni nada negativo. No quier perder a mis padres, ni a mi familia,
ni hermana, ni amigos. No quiero...
Alguien la sacudió y posó una mano sobre sus
hombros, pero ahora Bloom no veía cosa alguna, pues sus alrededores se habían
vuelto negros y oscuros; su primera pesadilla vívida en su mente. Y Daphne le
hablaba, y a pesar de que comprendía lo que decía, no respondía; sentía un gran
vacío en su ser. Y entonces las voces se volvieron desconocidas, y luego no
entendió las palabras que mencionaban... Pronto se volvieron lejanas, ecos en
una enorme cueva; murmullos... Sonidos...
Y finalmente, sus oídos dejaron de oír, sus
ojos dejaron de ver, su cuerpo dejó de sentir, cuando sucumbió al sueño eterno
y sin fin.
Ok, entonces, explicaré que sucedió. Bloom y Daphne se prepararon para ir a las fiestas de Navidad que cada una debía atender, y mientras Bloom charlaba y reía, una Michelle golpeada por Mitzi acudió a su casa. Bloom fue a donde Mitzi, y supo que había destruido su hogar. Mientras tanto, Daphne le dijo a Thoren (con quien había roto) que “ya no lo amaba”. Bloom habló con Mitzi, que había estado oyendo voces hablando de ella, Daphne, y una “flor” por muchos años. Bloom le tuvo que dar una bofetada para que ella volviera a ser la misma de antes. Entonces, ella y las dos niñas fueron a celebrar Navidad en la casa de Mike y Vanessa.
Por fin Bloom había vuelto a Domino; y mientras muchos otros se alegraron al oír la noticia, ella misma no lo hizo tanto como sus amigas. En todo el día que estuvo con sus padres, ella no vio en ningún momento a su hermana, y se preguntó si estaría bien. Pero no sólo eso, en la cena sintió la sensación de que alguien la estaba observando de cerca, pero cuando volteaba caía en la cuenta de que no había nadie. Y cuando volvía a comer sentía un par de ojos posados en ella. Uno invisible.
Luego se fue a dormir, esperando no soñar nada extraño ni aterrorizante. Y felizmente, no lo hizo; aunque se encontró en una enorme casa, de piso blanco como la nieve y paredes doradas con dibujos de ramas curvadas del mismo color y oraciones escritas en una lengua desconocida. Ahí ella había oído un llanto en la lejanía, y se dirigió a la habitación de donde provenía el lamento. Al llegar vio una mujer sentada junto a una cama donde descansaba una persona, y estaba agarrando su mano fuertemente, como si su vida dependiera de ello. Bloom se acercó a ella con el fin de consolarla, pero la otra se volteó rapidamente, y empezó a gritar cosas sin sentido, y se volvió evidente de que la culpaba por la muerte de un ser querido.
-¡Es tu culpa! –decía entre sollozos-. ¡Todo! Si no fuera por ti y tu maldito fuego, ¡nada de esto hubiera pasado! Me dijo de quien sospechaba, ¡y eras tú! No quiero verte a ti ni a tu familia otra vez. ¡Largo de aquí y déjame en paz!
No pudo ver claramente su rostro, ya que estaba cabizbaja, pero el tono de su voz la asustaba, y salió de la habitación oscura tan rápido como puedo. La mujer alzó la cabeza, y pudo ver sus ojos rojos y llenos de lágrimas sólo por un breve segundo, ya que luego cerró la puerta y volvió a la persona difunta. Su amargo llanto fue oído a través de las paredes blancas tal como antes; y Bloom tuvo deseos de entrar una vez más, pero algo le dijo: “es un momento difícil para ella, déjala”. Y así lo hizo.
Tan pronto como decidió continuar explorando la gran casa (que fue instantes después de haber escuchado a aquella voz dentro de ella), oyó a alguien llamando su nombre. Bloom... Despierta... Bloom... Despierta. Repetidas veces, y nunca cesaba. Se quedó parada, inmóvil, mientras pensaba de dónde era aquella voz. Recorrió diferentes habitaciones, y el llamado se oía a veces lejano, otras demasiado cercano, pero no lograba encontrar al que hablaba. No sabía si el tiempo existía en aquel lugar, pero si era así, entonces de seguro habían pasado horas sin notarlo. Finalmente, ya en el último piso, abrió una última puerta, dudando de que fuera a ser la correcta; pero para su sorpresa lo fue, y despertó con una voz familiar repitiéndole constantemente que despertara.
-Hay algo que quiero mostrarte –le susurró su hermana al oído; Bloom bostezó mientras se sentaba, y sólo su mirada bastó para saber que su respuesta era un rotundo “no”. Pero aún así Daphne continuó insistiendo, y a ella le extrañaba que estuviera tan entusiasmada por el simple deseo de querer enseñarlo algo, y finalmente accedió a acompañarla, y fue obligada a dejar la comodidad de su suave cama.
Siguió a Daphne, tropezando con sus propios pies y de vez en cuando cerrando los ojos por largo tiempo, hasta el salón de baile, un lugar que ahora se encontraba totalmente oscuro, y apenas podía ver a la ninfa en la distancia.
-¿A dónde vamos? –le preguntó mientras se cubría los ojos, como si con sólo hacerlo le quitaría toda la fátiga que estaba sobre su cuerpo.
-Al campo abierto –respondió ella, y su voz hizo un ligero eco. Bloom llegó hasta una puerta que dirigía a uno al jardín, y la cerró detrás de ella y sus ojos se clavaron en aquella fuente que significaba tanto para ella. Pero era de noche; ¿qué hacía ahí?
Estaba a punto de preguntar y abrir la boca una vez más, pero en ese instnate Daphne habló y le dijo que la siguiera; juró que pudo oír su sonrisa. Oyó entonces unos pasos furtivos a unos cuantos metros de ella, y luego una silueta delgada de una persona, y supo que era su hermana. Apenas podía ver algo en aquella oscuridad.
-Ten, aquí un poco de luz –le dijo la ninfa, como si hubiera leído sus pensamientos. Bloom pudo notar cómo el fuego aparecía en sus manos, y le entregaba la bola a ella. Daphne gimió por un breve segundo, cubrió su estómago y tosió repetidas veces, causando que el hada se preocupara- No es nada –le dijo casi inmediatamente-. No es nada. Vamos.
(Escuchar Mientras Leen)
Empezó a correr, y parecía que ya no le importaba andar con cautela. Entonces paró y alzó los brazos, y respiró hondo. –Finalmente –murmuró-. Libre.
-¿Qué era lo que deseabas enseñarme, ah? –dijo Bloom bruscamente, ya queriendo volver a su cuarto de dormir para descansar. Pero a su hermana no le importó su ruda actitud y sonrió, y apuntó al cielo. Ella miró en aquella dirección, y vio el firmamento poblado de un mar de estrellas; millones de puntos blancos realmente brillantes en cada lugar, y sintió una extraña sensación en su corazón, como un deseo de seguirlas, tocarlas, alcanzarlas.
-Estrellas.
-Para ti son unas estrellas, pero para mí son algo más.
Bloom esperó a que continuara, mientras aún miraba arriba, admirando la belleza de la noche. De repente la voz de Daphne se volvió lejana, como un eco, pero podía oírla perfectamente dentro de su interior. Algo difícil de explicar.
-Son faroles.
-¿...Qué?
-Hay muchas cosas que he querido explicarte, y creo, Bloom, que la hora ha llegado. Dije que mi cuerpo estaba indeciso, si vivir o morir, pero algo que no explique era que mi ser no elegía; sino yo. No sé si hice lo correcto en esconder la verdad de ti, pero me supongo que al final mereces saberlo todo. Decidí continuar con mi vida, y mis heridas se curaron, pero no enteramente, pues toma mucho tiempo en que lo hagan y para ello no tengo que estar continuamente en movimiento, pero hice lo opuesto y empeoré mi propia situación. Antes de eso creé un hechizo para esconder mi figura fantasmal, y sé que durara por varios meses, y años, espero. Hasta ahora no se ha roto, pero he pasado por otras cosas que me han debilitado...
-¿Cómo cuáles?
-Ahora eso es algo que prefiero guardármelo a mí misma y preferiría no especificar, no quiero confundirte. Si yo no sé las respuestas y hay más preguntas que ellas, contarte no serviría de nada. Sólo diré que no pensé correctamente por unos breves momentos, e hice algo que lamento; pero aquello me ayudó de alguna manera a recordar algo que creí haber olvidado, aunque aún hay cabos sueltos. Eso me debilito en el interior, si se me entiende, y mi mente se volvió más fácil de... Manipular. Pero el fuego, Bloom, es algo que no soy capaz de controlar más. Semanas antes eso mismo fue lo que me hirió, y como es mi poder, mi ser estaba confundido. Porque, ¿era algo malo si la Llama me hería? Por esa razón ahora no puedo usarlo tan bien como antes.
“Y en cuanto a aquel Colgante; ni siquiera yo sé qué es exactamente, así que te recomiendo que no lo pierdas ni lo uses de ninguna manera, sólo manténlo a salvo, y tal vez, quién sabe, podrás entregárselo al heredero del Trono, si es que en verdad llegas a confiar en él o ella.
-¿Qué se supone que es este collar? –preguntó Bloom absorta en lo que Daphne decía.
-Tiene el poder para guiar en la oscuridad y vencerla con luz; sana y protege con recuerdos, eso es todo lo que sé, y no logró aún entender el significado. Parece obvio, pero hay más que eso... Puedo sentirlo.
-...Gracias –dijo el hada finalmente luego de un largo silencio, en el que ambas chicas sólo observaron las estrelas titilar en el cielo-. Por hablarme.
-Es lo menos que podía hacer, sabes.
Bloom suspiró. –Pero no me has explicado: ¿por qué son faroles? –apuntó hacia arriba con una expresión confundida grabada en su rostro. La otra rió entre dientes.
-Lo olvidé –dijo-. Pues bien... Se supone que las estrellas brillan en el firmamento, mientras que los faroles guían ayudan a los botes a encontrar el camino, ¿no es así?
Bloom asintió con la cabeza. Entonces Daphne se paró y le ofreció su mano, la cual aceptó y usó como ayuda para pararse al igual que ella. Una vez a su lado, la ninfa agarró fuertemente su mano, y le dijo:
-Si los faroles que esperan en las bahías guían a los botes a encontrar el camino, pienso que estos que se encuentran en el cielo tal vez puedan hacer lo mismo y ayudarnos a hacer las decisiones correctas en la noche, Bloom.
*busca buenas canciones para usar como música de fondo*
Sólo para
aclarar, han pasado seis años desde que vencieron a Trittanus. Me equivoqué.
Las Winx son de 26 y Tecna 27, Macy 17 ¿ok? Lamento mi estupidez, me acabo de
dar cuenta. También, este capítulo no está recomendado para niños menores de 11.
Haré un resumen pronto, así que está bien si no lo leen, explicaré lo ocurrido.
(Escuchar Mientras Leen)
Ella está en la noche, pálida y blanca, sin rumbo alguno, y sus ojos tan
vacíos.
Ella solo se queda ahí, viendo algo en la lejanía, su mente perdida, sus
manos tan frías.
La gente que pasa, le echa rápidas miradas;
hay dudas y preguntas, pero continúan su camino.
Si tan solo quisieran ayudarla, a hacerle saber que aún existe el día,
quizá ella sea diferente, quizá alguien pueda ver su sonrisa.
Nadie le habla ni la mira, pues parece una estatua,
“¿Qué estará viendo?” uno se pregunta “¿Qué está pensando?”, pero no hay
respuesta.
“No tiene voz” dicen ellos “De
seguro es sólo piedra” siguen pensando,
pero nadie se preocupa, por saber lo que en verdad está pasando.
En su mente ella recuerda, su propia sonrisa y antigua alegría,
su familia y su hermana, sus amigos y sus risas;
en el pasado fue imprudente, de cabello rojo y valiente,
pero ahora era callada, su pelo blanco por la nieve, poco a poco,
olvidada.
Ella mira su pasado, sus locuras, travesuras;
ella piensa en sus problemas, los sermones, y las cenas,
su vida antes era alegre, como un cuento o fantasía
terminó en algo inesperado, con días nublados y un corazón perturbado.
Se había alejado, en un intento de olvidarlo todo,
pero solo consiguió empeorarlo, despertando con gritos.
Había caminado, hasta que sus piernas le ardieron,
se paró cerca de un árbol, y quedó ahí, pensando.
Pasó un año, muchos años, y ella hasta ahora no se movía,
“¿Qué le pasó?” la gente preguntaba, “¿Qué ha sufrido?"
no había respuesta a sus preguntas, sólo una mujer que miraba el cielo.
El invierno pronto llegó al mundo, el árbol fue finalmente decorado,
y ella seguía tiesa como una piedra, sin mover un músculo, sin decir
nada.
Fue veinticuatro del último mes, y la gente celebraba,
se agrupaba y cantaba, junto al árbol, junto a ella.
En aquel pasado que veía, vio las
luces y la alegría
los regalos y los abrazos, el llanto y las canciones,
una sola lágrima rodó por su mejilla en ese entonces
“Soy la niña” dijo ella “que huyó días ante de la Navidad”
sus únicas palabras fueron aquellas, y de ahí no habló nunca más.
Así decía
el triste poema que se encontraba escrito en aquel libro viejo y muchas veces
leído. Daphne lo leyó detenidamente, examinando cada frase o palabra. Algo le
decía que aquel poema estaba basado en lo que ahora su hermana menor sufría.
Era totalmente exacto. Ella sabía que Bloom se había ido a Gardenia (ese era el
lugar al que siempre “huía” cuando estaba perturbada, así que lo adivinó
facilmente sin que su madre le dijera) días atrás, y entendía por qué: ella
misma hubiera hecho lo mismo, pero por alguna razón aún no se decidía o
simplemente no estaba lista o no quería. ¿Pero cómo podía estar segura de que
habían usado a Bloom como modelo para el poema? ¿Cómo pudieron haberse enterado
de lo que había pasado? Y además, ¿era este el futuro o el pasado?
Se dio cuenta de que ese no era el único
escrito en el libro, habían muchos más: era un libro de muchos, muchos poemas.
Daphne les echó una rápida ojeada. Todos eran tristes y románticos, pero no
podía adivinar quién era el autor. Agachándose de nuevo, dejó el libro guinda
sobre el suelo. Prefirió ejarlo donde lo había encontrado. Después de eso se
dirigió a la entrada del salón de baile vacío y la abrió. Y sin vacilar, la
cruzó.
Y se encontró de vuelta en la triste y cruel
realidad.
Hoy era el
veinticuatro de Diciembre, la víspera de Navidad. La tienda de Love & Pet
había estado cerrada desde las cuatro de la tarde, y el lugar estaba vacío;
sólo Bloom quedaba, que estaba reuniendo todos los regalos que había comprado
apuradamente en pocos días y con poco dinero. No estaba segura de que había
comprado el regalo correcto para cada familiar de sus padres adoptivos, pero
ahora no le importaba tanto como antes. Era Navidad después de todo, y ellos
tenían que aceptar el regalo, les guste o no, y luego botarlo o regalarlo a
otro sin que nadie se entere si no les gustó.
Eran unas veinte cosas en total las que
había comprado, y le fue difícil a la pelirroja traelos todos al primer piso.
Por supuesto, las mascotas voladoras (o las que estaban despiertas) la ayudaron
en el proceso, pero algunos regalos eran demasiado pesados y las criaturas
mágicas cayeron al suelo con la bolsa en sus pequeñas manos.
Era cerca de las nueve cuando Bloom dejó la
tienda y a sus pequeños amigos en su motocicleta (Vanessa había comprado una en
su ausencia y se la había prestado), y se dirigió a la casa de sus padres adoptivos.
Le tomó unos veinte minutos llegar a su destino. Tocó la puerta, y saludó a
Mike y Vanessa afectuosamente con fuertes abrazos y ellos la ayudaron a llegar
los regalos dentro de la casa. La mayoría de los parientes ya estaba ahí, y
todos recordaban a Bloom. Tíos, tías, primos, primas, sobrinas y sobrinas;
todos ellos no eran de su misma sangre, pero aún así los quería como si fuera
su propia familia.
Estuvieron un tiempo charlando, y a las
diez, la comida fue servida. Había panetón, pandoro, panforte, vino Prosecco,
struffoli y pastiera: todo fue comida italiana. Bloom comió hasta que estuvo
llena, y luego vino la entrega de regalos, que se encontraban acumulados junto
al árbol, decorado con luces azules rojas y verdes. Todos estuvieron complacidos
con los que les fue regalado, incluso los más pequeño, que nunca les gustaba
que les regalasen ropa, sino juguetes. Bloom recibió un bonito suéter, una
Tablet, unos aretes, sus libros favoritos, un CD de música clásica (lo amaba
pero muy pocos lo sabían) y una cosa en especial que la dejó muda: un collar.
Pero no era cualquier collar, era uno
plateado, que parecía que brillaba. Era casi idéntico al que Daphne le había
dado, y buscó en su bolsillo para asegurarse de que no lo había perdido por
casualidad y había acabado como un regalo. Lo tenía aún.
-¿Dónde compraste esto? –preguntó Bloom a su
madre, con el collar en sus manos. Era obvio por su tono que no estaba
totalmente feliz.
- Hay una tienda de joyería cerca de por
aquí. Hay muchos de ese collar que tienes, ¿por qué? –respondió la otra.
Una sospecha despertó en Bloom. Recordó que
ella y Daphne habían ido una vez a Gardenia y habían comprado en muchas de las
tiendas. No recordaba haber ido a una joyería, aunque en un momento ambas se
separaron, porque una de ellas dijo que iban a conocer más si iban por su
cuenta. Tal vez su hermana lo compró ahí sin que ella se enterara, y lo había
tenido cosnigo hasta ahora y por todas aquellas ilusiones y problemas, se lo
dio mientras estaba un poco... Como decir, fuera de este mundo.
-Puede ser –pensó viendo el collar una vez
más-. Puede que eso pasó y Daphne inventó todo los poderes que esta cosa tiene.
Tal vez estaba imaginando cosa. Tal vez no es nada. ¡Me he preocupado por algo
que no era real!
-Bloom...
El hada sacuidó la cabeza. –Sí –dijo, como
saliendo de un sueño-. Sí, sólo quería saber en dónde lo compraste. Es muy
bonito –sonrió, y la entrega de regalos continuó, y cuando terminó, todos
comieron y conversaron otra vez. A Bloom le gustaba aquel ambiente: era alegre.
Se alegró también de haber decidido pasar la Navidad con su familia adoptiva;
sentía que allí la aceptaban y podía olvidar los problemas de hace días.
Era cerca de las once y diez, cuando se oyó
el tiembre sonar. Antes de que Mike pudiera siquiera pararse, Bloom corrió a la
puerta y la abrió.
-Buenas
noches, ¿en qué lo puedo ayudar? –dijo amablemente con una sonrisa. Pero luego
dio un grito ahogado-. ¿Michelle?
Precisamente, la que estaba esperando junto
a la puerta no era nadie más que Michelle. Tenía en la mano un paraguas
negro,y este estaba cubierto con nieve.
Llevaba un polo blanco con mangas largas, que llegaban a cubrir sus nudillos y
sobre el ella tenía un vestido rojo con líneas y volados negros, y unos botones
con forma de corazones plateados sobre su pecho. Tenía una gran casaca de color
café que le llegaban a las rodillas abierta. Su cabello estaba formado en dos
coletas, y para amarrarlas haba usado enormes listones casi marrones. Pero lo
que más destacaba de todo esto, era el ojo morado en su rostro.
-Hola... –murmuró con voz temblorosa-. Soy
una cobarde, ¿sabe? Yo no pude... Golpearla de vuelta y salí corriendo de la
casa...
-¿Quién te golpeó? –le interrumpió Bloom
bruscamente. Michelle la miró a los ojos.
-¿Usted quién cree?
Bloom volvio al interior de la casa y dijo
una rápida excusa diciendo: “Lo lamento, ha surgido un problema con la tienda.
Me tengo que ir” y agarrando las llaves de su moto y su abrigo, salió y se
encontró con la niña amoretonada rapidamente.
-¿Dónde vive Mitzi?
Mientras
tanto en Domino, una gran fiesta se llevaba a cabo. La gente comía, conversaba
e incluso danzaba sin ninguna música. De todas las Winx, sólo Flora (con su
hermana Miele, ahora con catorce años, a punto de tener quince), Musa y Tecna
vinieron, ya que las demás eran princesas de sus propios reinos y en esos
momentos tenían también fiestas. Hace ya unos cuantos minutos habían entregado
los regalos a todos los invitados, que eran entregados al azar, ya que nadie
era capaz de saber los gustos de todos. Daphne, para su sorpresa, recibió un
gran libro que contenía pequeños poemas. Pensó en leerlo otro día.
A pesar de que la gente reía, la ninfa no
podía evitar sentirse solitaria. Todo se sentía como si no fuera nada más que
un sueño, como aquel con la reina y el soldado. Ella quería vivir la feliz
realidad, pero aún si lo hiciera, sentiría que era una fantasía creada para
satisfacerla. Nunca sería capaz de creer que lo que sus propios ojos veían era
real y completamente cierto. Sólo neceistaba el espíritu optimista de su
hermana para sonreír, pero ella no estaba ahí; estaba en Gardenia, de seguro
disfrutando la Navidad diez veces mejor que ella.
Daphne quería traerla de vuelta, pero eso
sólo empeoraría la hermandad entre ellas: Bloom se molestaría con la ninfa por
haberla llevado de vuelta a todos aquellos problemas, cuando bien podía haber
vivido unos cuántos días más en paz, sin nada que interrumpiera su felicidad.
Por suspuesto que volveríahuir, y
Daphne estaría ahí para traerla de vuelta, y otra, y otra y otra vez.
Estaba tan centrada en sus pensamientos,
recargada contra la pared, que no se dio cuenta de que un hombre esperaba que
volviera a la realidad.
-Daphne.
-¿Qué? -preguntó ella bruscamente alzando
los ojos.
-¿Estás bien?
-No me hagas esa pregunta. Es muy cliché. ¿Y
luego qué? ¿Voy a acabar llorando mientras tú me consolas?
-Bueno, no, pero la Daphne que yo conozco
nunca me respondería así.
Esto enojó a Daphne, y ella dio un paso
adelante hasta estar lo suficientemente cerca de él como para empujarlo. –Todos
fuimos obligados a crecer. Tú nunca me conociste. ¡Y el Thoren que yo creí
conocer nunca me abandonaría!
-¿Dices que fui yo el que te hizo eso?
–replicó Thoren pero su expresión de pronto se dulcificó-. Daphne –dijo bajando
la voz-, yo no quiero pelear como antes –él agarró su mano, pero ella la quitó.
-Ya no te creo. Me haces volver y luego
volvemos a pelearnos otra vez. Le puse fin a todo eso, ¡no lo vuelvas a
empezar! –dijo la última oración casi en un grito, lo suficientemente alto para
que su exnovio entendiera cuán molesta estaba de todo aquel asunto y lo
suficientemente bajo para que no se escuchara su voz a lo largo del salón. Una
parte de su mente dijo “Bueno, y además que tu eres veinte años mayor que él,
no iba a funcionar hicieras lo que hicieras” pero la ignoró.
-Yo creí que me amabas –dijo él simplemente.
-Pues ahora ya no –Daphne respondió con
sorna. Antes de que Thoren pudiera decir alguna otra palabra para convencerla
de volver con él, ella volteó y fue al balcón para leer algún poema, ya que
consuelo era lo que ahora necesitaba.
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Juntas,
Bloom y Michelle se habían dirigido a la casa de Mitzi, donde la niña había ido
para celebrar la nochebuena con su amiga Macy. A lo largo del camino, ella le
contó al hada que era lo que había ocurrido para que ella acabara con un ojo
morado.
Como agradecimiento por todas las veces que Macy
la había ayudado y consolado cuando ella era molestada en la escuela, Michelle
le había regalado una flor, una azalea, como regalo de Navidad. Mitzi le había
dicho antes que no quería ver flores de aquel tipo en su casa, pero como la
niña amaba la jardinería (era algo de la familia) no pudo contenerse y la trajo
de todas maneras, pero por supuesto, se la regaló en privado. Pero Mitzi,
siendo la malvada hermana que era, le preguntó a Macy qué le había regalado esa
“chica que se pinta el cabello” y le quitó la flor de sus manos.
-Y luego, bueno, usted sabe cómo terminó
todo este asunto... –murmuró la chica por lo bajo, tocándose el moretón con sus
manos.
-Pero, ¿por qué rayos Mitzi es así? –dijo
Bloom-. No recuerdo que odiara las flores tanto, no tiene sentido que te
golpeara.
-Eso mismo pensé yo, y he visto como
golpeaba también a Macy otras veces –dijo Michelle-. Esta mal de la cabeza, se
lo aseguro. Tampoco le gusta el rosado, o las pelirrojas, ¡o las rubias! ¿Es
eso alguna trauma?
-No –respondió Bloom en tono pensativo-. No,
no lo es.
-De todas maneras, ¿qué clase de trauma
puede hacer que odies el rosa, o a las pelirrojas? (ahora que lo pienso, creo
que ya sé porque) ¿Y por qué rubias?
-No sé la respuesta, pero creo que se las
sacaré en cuanto lleguemos a su casa.
-Sí –coroborró la niña y se aferró más a
Bloom. Miró las calles, buscando con la mirada el hogar de Mitzi -¡Espera,
Bloom, esa es! –gritó señalándola con el dedo. Casi se caía de la motocicleta.
Bloom paró y ambas se quitaron los cascos y caminaron hasta la puerta. Podían
ver que las luces estaban prendidas, lo que significaba que había alguien
dentro.
-¿Dices que sus padres están trabajando aún?
–preguntó Bloom antes de tocar el timbre. Michelle asintió con la cabeza. Sólo
entonces tocó el interruptor.
-Espero que Macy abra –se dijo Michelle a sí
misma, mientras juguetoneaba con los dedos de sus manos nerviosamente.
Después de algunos segundos, una chica abrió
la puerta. Su cabello oscuro estaba despeinado, y una línea roja que iba desde
su nariz hasta su mejilla decoraba su rostro pálido. Una de sus manos estaba
con una cortadura profunda, y sus ojos estaban llenos de miedo y terror. Le
tomó un largo rato a Michelle reconocerla.
-¿Ma... Cy? –murmuró ella, un escalofrío
recorriendo su espalda-. Pero.. ¿Pero qué...? –la mirada aterrorizada de su
amiga la obligó a caer en el silencio.
-No entres –dijo Macy tan bajo que apenas
pudo escuchar su propia voz. Estaba temblando-. No entres, por favor.
-Lo siento, pero voy a entrar –interrumpió
Bloom, empujando a Macy mientras ingresaba en la casa. La vista de aquel lugar
lugar la dejó desconcertada.
Estaba en el comedor, pero no parecía serlo.
Los platos estaban rotos en el suelo, montones de vidrios esparcidos en todas
partes; si uno no tenía cuidado podría hacerse una cortadura facilmente. Las
silla estaban volteadas, el jarrón roto y las flores artificiales también.
Parecía que las paredes e incluso todos los muebles habían sido acuchillados o
alguien había intentado romperlos en un intento desesperado.Y no sólo el comedor estaba en aquel estado,
sino también la sala, la cocina... Todas las habitaciones. Destruidas.
-¿Pero qué pasó aquí? –dijo Bloom en voz
alta, mientras Michelle llegaba detrás de ella, quedándose ella también muda.
Macy contenía el llanto.
-Macy, ¿asaltaron tu casa? –preguntó la
amiga de la pobre chica y agarró su mano, viendo la herida-. ¿Te cortaron a ti
también?
-No es tema de risa, ¡ella está loca! –gritó
la otra-. ¡Tonta! ¡Lárgate de aquí antes de que venga!
-¿Quién? ¿Mitzi? ¿Hablas en serio? Entiendo
que ella es la peor hermana del mundo pero... ¡Pero sólo mira esto! –Michelle
alzó los brazos, refiriéndose al comedor destruido-. ¡Ni que ella hubiera hecho
todo esto, no es capaz!
-Pues entérate, si puede. ¡Mira mi maldita
mano y mi rostro! Trato de pararla y evitar de que se mate, ¡y me hace esto!
-Espera, ¿qué? –dijo Bloom, que estaba
examinando los objetos rotos de la habitación.
-Me oíste. Empezó a gritar y a llorar, y
luego agarró el cuchillo y apuntó a su cuello. La traté de parar, luego
acuchilló todo, ¡todo! Luego se fue a su cuarto, no sé que estará haciendo allí
adentro.
Apenas oyó esto, el hada corrió y fue al
segundo piso del edificio. Encontró una puerta en el corredor, que estaba
acuchillada; de seguro Mitzi olvidó que existía una perilla. La puerta estaba
cerrada, así que Bloom trató de derribarla con el peso de su cuerpo y lo logró.
Cuando entró, se dio cuenta de que el cuarto estaba completamente oscuro, a
exepción de la luz de una lámpara puesta cerca de una cama. Y cerca de la cama
había una mujer.
-¿Mitzi?
La mencionada volteó, y Bloom pudo ver su
rostro pálido, muchas veces más pálido que el de su pequeña hermana. Sus ojos
se veían tan vacíos, tan llenos de miedo, horrorizados, como si hubiera visto
cosas inimaginables y horrendas, que nunca sería capaz de olvidar. La peliroja
también vio las heridas de sus manos, sus brazos, su rostro. El cuchillo de
cocina descansaba en el piso, al alcance de su mano. ¿Qué era lo que se había
hecho?
-Puedo oír voces –susurró Mitzi lentamente
con una voz temblorosa-. Me siguen diciendo cosas... Cosas horribles.
-¿Qué cosas? ¿Qué clase de voces? –dijo
Bloom severamente.
-De ti... De tu hermana, de la... Flor.
La habitación quedó silenciosa por unos
instantes, cuando de repente Mitzi jadeó y rodeó su estómago con uno de sus
brazos, como si sintiera un gran dolor. Empezó a hiperventilarse y sus manos se
volvieron puños. Entonces empezó a gritar de forma incontrolable.
Bloom no sabía qué le estaba pasando a su
rival, y sólo espero a ver qué rumbo tomaban las cosas. Mitzi empezó también a
reír, su risa volviéndose cada vez más y más ruidosa y algo maniáca, pero no
dejaba de gritar. La mano empezó a buscar el cuchillo desesperadamente.
-Sí –decía con una voz lúgubre que no era
ella- Sí, así es. Si crees que eres capaz de huir, estás equivocada. Estás en
mi poder ahora, puedo hacer lo que sea contigo: eres mía. Pero tú no eres de
mucha utilidad como yo creí, eres inútil y aún así crees que eres la más
querida. Eres un estorbo para este pequeño mundo, y nadie necesita a gente como
tú. Creo que lo mejor sería desacerme de ti... De una buena, buena vez.
Pero Bloom reaccionó justo a tiempo.
-¡No! ¡Espera! –gritó y agarró el brazo de
ella con fuerza, evitando que se hiriera más de lo que ya estaba. Apretó su
mano, causando que Mitzi soltara el arma, pero Bloom se hizo una herida en el
proceso.
-¡Idiota! ¿Qué es lo que estás haciendo?
–vociferó la terrible voz que hablaba a través de Mitzi-. ¡Dame esa cosa!
-A pesar de que yo te odio, Mitzi, nunca
dejaría que te mataras de aquella manera –le dijo Bloom-. No es algo justo. No
puedes destruir tu casa y herir a tu hermana (que deberías querer, pero no lo
haces) y hacerte esto.
-Oh, ya veo –rió la otra-. Quieres ser la
que termine con ella. Muy bien, te concedo tu deseo. Estoy esperando.
Aunque cada parte de Bloom le decía que no
le hiciera caso a esta Mitzi, ella vaciló. Recordó todas las veces que aquella
niña egoísta se burló de ella, antes y después de que descubrió que era un
hada. Había sido tan cruel, había hecho su vida imposible por un largo tiempo.
Y aún hasta ahora aprovechaba cada oportunidad para molestarla, pues la
envidiaba. Ahora tenía la decisión en sus manos, y sería por primera vez
responsable de la muerte de alguien, algo que la atormentaría durante toda su
vida. Pero iba a valer la pena. Borrar de la faz de la tierra a una persona tan
inútil como Mitzi, que no sabía hacer otra cosa más que jactarse de sí misma e
insultar a otros. ¿Cómo no? Pensó por un instanto fugaz ín alzar el cuchillo.
Pero lo mantuvo en su mano, e hizo su
decisión.
-Puedes ser una ignorante y egoísta y puede
que me hayas herido innumerables veces, Mitzi –dijo el hada-. Pero aunque
tuviera la oportunidad, nunca te mataría –la otra empezó a gritar y a reír
tanto como antes, y Bloom, cansada y harta de toda aquella locura, le dio una
fuerte bofetada en el rostro, causando que callera al suelo; y pareció que
Mitzi recuperó la cordura.
Ella se paró y miró a su alrededor,
confundida. Pero al ver a la persona que envidiaba, la insultó y la acusó de
atacarla sin parar de hablar. No recordaba nada de lo ocurrido. Bloom suspiró y
dijo: -Te di una oportunidad, ahora no me hagas arrepentirme de mi decisión y
terminar lo que tú empezaste -lo que la dejó callada.
Se encontró con Macy y Michelle en el
comedor, que estaban limpiando la habitaión, pero ella ordenó todo con magia, y
pareció que nada había sido destrozado en aquel lugar. Pero Macy aún tenía unas
cuantas preguntas.
-¿Qué le pasó a la bruja y qué voy a decir
acerca de esto? –preguntó mientras le enseñaba al hada sus heridas.
-No sé qué le pasó a tu hermana, pero si
pasa de nuevo, sólo puedes darle una bofetada lo más fuerte que puedas y tal
vez vuelva a sus sentidos. Pero yo puedo curar las heridas.
Una vez que lo hizo, ella y Michelle
finalmente volvieron a casa. Pero Macy estaba tan asustada por lo que había
visto, que deseó no quedarse en su hogar, y fue también con ellas a la fiesta
de Navidad en la casa de Mike y Vanessa. Hubo muchos preguntas acerca de la
ausencia de Bloom, pero ninguna de las tres dijeron algo sobre el tema; sólo
disfrutaron la Navidad, y esperaron por la medianoche.
Ya sé que
el último párrafo no fue muy convincente, pero meh. Creo que hice un terrible trabajo con la música. Soy un asco. ¿Me
pueden decir con qué canción pudo haber quedado el encuentro entre Bloom y
Mitzi? También, el
poema:
Compraste
una estrella, en el cielo esta noche
Porque tu
vida es oscura, y necesitaba un poco de luz
La llamaste
como a mí, pero yo no te pertenezco
Porque tu nunca verás, que las estrellas son libres
Winx Club is coming back in 2025!
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Here’s a sneak peak of the most magical work in progress: *Winx is coming
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Stay tuned and get ready for more!